Encontraremos el éxito cuando aprendamos a amar a pesar de nuestras diferencias


Esto suele pasar en muchas familias, organizaciones, empresas, etc.; tod@s necesitamos de tod@s, sino lo aprendemos en casa, la vida nos lo enseñará.

Cierta oportunidad dos hermanos fueron a ver a su padre que yacía enfermo en el lecho de un hospital a causa de una enfermedad incurable. El hombre de 60 años, desde su cama se lamentaba no haber logrado que sus hijos se lleven bien, pues sus dos únicos hijos, habían dejado de hablarse y se aborrecían. Los dos eran totalmente distintos, Califa era perezoso y Emir era diligente y ordenado.

El anciano sabía que estaba por llegar el fin de sus días, entonces llamó a sus hijos Emir de 25 y Califa de30 años para hablarles de su testamento. El padre les indicó a ambos que, en un baúl antiguo debajo de la cama en su casa, se hallaba su testamento y ahí les daba las indicaciones para encontrar un tesoro que por muchos años él estuvo buscando bajo el cerro Zion y les pidió que cuando lo encontrasen ambos se repartiesen en partes iguales.

Semanas después de lamentar la muerte de su padre, ambos hermanos fueron a buscar el baúl y allí encontraron el testamento que señalaba que los dos debían buscar juntos el tesoro y luego repartirse en partes iguales. En caso de que alguno abandonase la búsqueda, el tesoro sería solo para aquél que continuó con la búsqueda hasta el final.

Ambos hermanos a pesar de sus diferencias conversaron para iniciar la búsqueda la semana entrante, mientras que se proveían de herramientas para excavar el cerro Zion. Pasaron dos años y ambos hermanos continuaban cavando una de las cuevas, pero no encontraban nada. Así siguieron trabajando juntos hasta por 15 años y en ese tiempo, ambos habían logrado unirse más, uno aprendió mucho del otro, el perezoso aprendió a ser más laborioso y el diligente a enseñar y amar a su hermano a pesar de sus imperfecciones.

Así transcurrió cerca de 17 años y una mañana de abril, un hombre anciano vestido de terno azul, tocó la puerta de la casa de ambos hermanos, era Juan, amigo de su padre. Al abrir la puerta Califa lo reconoció y le dijo ¿No es usted el señor que pasa todos los días por el borde el cerro Zion? Él respondió, efectivamente soy Juan, amigo de tu padre y por encargo de él, los vigilé todos estos años y vi como poco a poco comenzaron a aceptarse el uno al otro, y creí que este era el momento y he venido a entregarles el testamento real que su padre me dio para ustedes, le dijo.

Ambos hermanos estaban sorprendidos, mientras Juan hablaba, él les decía que fue el deseo de su padre, verlos unidos y había orado mucho y sintió que el trabajo que realizarían juntos permitiría que ambos se acerquen, se ayuden y comiencen a llevarse bien como hermanos, se amen y se acepten. Ése era su gran deseo, les dijo. Entonces les entregó el tesoro, que era un cofre lleno de monedas de oro, con el cual podían emprender algún negocio juntos.

En anciano, antes de irse les dijo que su padre había hallado junto a él ese tesoro, hace más de 20 años atrás y que ya no tenían que buscar más dicho tesoro, sino trabajar y disfrutar juntos, queriéndose, perdonándose y amándose como hermanos; dejando de lado la pereza, siendo diligentes y sobre todo aceptándose con sus imperfecciones y ayudándose ambos a mejorar para ser buenas personas.



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